Febrero de 1970: Comienzo de la sección "Así es la vida" Febrero de 1970: Comienzo de la sección "Así es la vida"

Una de las secciones favoritas de los lectores, y también de las primeras en convertirse en una fija, es Así es la vida. En febrero de 1970… así era la vida.

Solo un poco de ejercicio

–Poco después de habernos trasladado mi esposa y yo a un vasto edificio de apartamentos, decidí aprovechar la circunstancia de estar alojados en el sexto piso para cumplir con mi programa de ejercicios corporales. Diariamente, después del trabajo, solía prescindir del lujo del ascensor y subir trotando por las escaleras. No tardé en darme cuenta que la americana (chaqueta) y la corbata me acaloraban, así que me las quitaba ya en los primeros peldaños y comenzaba a desabotonarme la camisa mientras subía.
Un día, en el tercer piso, me crucé con una pareja de edad madura que se me quedaron mirando con curiosidad. Al pasar yo a su lado, el marido, volviéndose a la esposa, comentó compresivamente: “Un recién casado”. –F.R.

¡Muy astuto!

–En mi carácter de “entrevistador” de personal en una gran empresa mercantil, debo leer, en el curso de mi trabajo diario, muchas solicitudes de empleo. Usamos un cuestionario uniforme que debe llenar el solicitante, y a menudo las respuestas tienden a ser muy similares. Sin embargo, hace poco un aspirante avispado y emprendedor, salió con un giro nuevo, y el más ingenioso hasta la fecha, en respuesta a la indicación: “Descríbase usted en 25 palabras o menos”. El solicitante puso simplemente: “Conciso”. –R.S.

¿Qué será?

–Sabiendo que teníamos gran interés por la egiptología, un amigo nos regaló un sarcófago diminuto que contenía una momia muy antigua. El egiptólogo de un museo cercano nos informó que aquel sarcófago tenía 2000 años de antigüedad. Añadió que algunos de tales exvotos contenían animalitos momificados mientras que otros tenían simples atados de ramas envueltos en tela.

Como nuestra momia era demasiado quebradiza para desenvolverla, resolvimos hacerle una radiografía. La llevamos con ese fin al consultorio de un tocólogo (obstetra) del lugar, a quien le hizo mucha gracia nuestra petición y accedió a cumplir el encargo. Permanecimos en la sala de espera con varias señoras encintas, aguardando impacientes la noticia del médico. Al poco rato se abrió la puerta del consultorio y salió el tocólogo que, con una sonrisa, nos anunció: “Felicitaciones. ¡Tienen ustedes un cocodrilito!”. –L. D.

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